martes, 18 de marzo de 2014

Empezar salita de tres no es nada facil... no lo digo por mi hijo que entro corriendo a los brazos de la seño, sino por mi que quede haciendo puchero en la entrada.
Como explicar esa sensacion agridulce de sentir que el pichocinto se asoma por debajo del ala, que es hermoso verlos volar pero esas horitas de silencio en casa me hacen bastante ruido. Y pensar que yo hace un tiempo queria tener un par de horas para mi, para descansar un poco (porque confieso que estar 24 horas con el peque puede llegar a ser bastante estresante) y ahora estoy 15 minutos antes de la hora de salida, parada en la puerta del jardin (como si eso hiciera que los nenes salgan antes!!)
Y llega el momento mas esperado: ver esa sonrisita que se asoma detras del delantal de la seño y viene corriendo a abrazarme al grito de "Mamiiiiiii" y caminar esas cuadras juntos mientras me cuenta las cosas que hicieron con los amiguitos. Y me doy cuenta cuanto crecio, y cuanto crece dia a dia, y lo maravilloso que es poder acompañarlo y tener la suerte de estar todos los dias con el. Muchas veces me replantee haber dejado mi trabajo para quedarme con el pero me doy cuenta que fue la mejor decision que pude haber tomado ya que lo mejor que podemos regalarle a nuestros hijos es nuestro tiempo para criarlos y compartir con ellos. Y tambien es un regalo a nosotros mismos, porque no hay nada mas lindo que pasar los dias con mi persona favorita en el mundo.

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